martes, 30 de mayo de 2017

El Afilador, Fran Reyes






NO DIGAS NADA, POR FAVOR: "A comienzos del 2014 un equipo ciclista profesional chileno, PinoRoad, iba a debutar en categoría profesional. Con varios corredores y el grueso del equipo técnico españoles, afrontaban el reto de disputar el calendario europeo, además de las principales pruebas latinoamericanas. Una vez inscritos en la UCI, marcharon a Chile para la primera concentración del equipo y cuando volvieron ya no había equipo. La historia de un equipo "fantasma" contada desde dentro" (Prólogo del artículo)



FRAN REYES





Leyendo tu historia, a veces es difícil no soltar una carcajada por lo surrealista que fue, ¿cómo lo ves ahora desde la distancia?

Lo veo como la mayor de las muchas frikadas que he vivido en mi vida, amén del reto más ilusionante y emocionante que he afrontado jamás. Aunque hubo muchos momentos entrañables, lo cierto es que el telón de fondo era trágico. La gran aportación de PinoRoad a mi vida ha sido hacer más grande mi capacidad de frustrarme y de ser optimista. Cada vez que me ocurre algo malo, que me veo apretado a final de mes, que me siento frágil o directamente roto, pienso: “Peor estaba cuando aquello de Chile”. Y de inmediato se me dibuja una sonrisa en la cara.

¿Qué tienen los estafadores que caen medianamente bien (al menos en la ficción) y es el estafado el que termina apareciendo como el “tonto”?

Lo que distinguía a El Chileno es que, pese a engañarnos, nos trató con respeto y afecto; y, sobre todo, siempre dio la cara. Por ejemplo, la última reunión que tuvimos con él fue tensísima. Los siete españoles de PinoRoad le estábamos cantando las cuarenta con cierta agresividad. Sin embargo, él nos esperó sentado en el pasillo del hotel antes de la reunión; aguantó cual Don Tancredo durante; y nos compró los billetes de regreso a España después.

Un punto extra sobre El Chileno como estafador es que, para según que cosas, su desfachatez era cómica y admirable. Se necesita una habilidad especial para torear a tanta gente durante tanto tiempo, y una falta de escrúpulos realmente singular para armar lo que armó con PinoRoad. Posteriormente, el suceso de la panificadora fue el remate perfecto para terminar de definirlo en tanto que personaje de tebeo.

Respecto a los estafados quedando como “tontos”: la realidad es que lo fuimos. Sea por ilusión, por ingenuidad o por desesperación, caímos en una trampa que muchos habían visto venir. Llegados a ese punto, lo mejor que podíamos hacernos es reírnos de la situación y de nosotros mismos.





¿Sigue siendo para ti una fantasía salvaje formar parte de un equipo ciclista?

Cuando era pequeño tenía dos sueños profesionales factibles. Uno era ser periodista de ciclismo, y tengo la inmensa suerte de haberlo hecho realidad muy pronto y estar viviéndolo. Me queda pendiente otro, que es convertirme en un escritor de verdad, en el cual debería trabajar más.

Y luego está el sueño que veía irrealizable, que es el equipo ciclista. Por lo pronto gocé de una experiencia valiosísimas en Geox-TMC y ahora disfruto trabajando en el Equipo Lizarte, que está dejando una huella muy profunda en mí porque tiene una filosofía y unos valores que comparto plenamente y espero mantener para siempre. En el futuro me encantaría saltar al pelotón profesional, y el escenario perfecto sería hacerlo de la mano de las personas que forman el Equipo Lizarte.

Lo que venga estará bien. Los caminos del Señor son inescrutables y nos llevan donde tenemos que estar.

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